martes, 29 de julio de 2008

USTED

El olor de aquellas noches le gustaba. Comenzó a preguntarse e imaginarse sus razones de ti atascadas en las paredes –antes huecas- de sus vasos sanguíneos.

Los fotogramas de su vida se habían encasquillado hacia tiempo y los tabiques de su piel habían terminado por expandirse –quizás por tu culpa, por aquellas sonrisas que tan bien trazabas-. Ella me dijo que le gustaba sentirse así por ti.

Quizás nunca te lo dijo, pero quiso ser la Alicia más perdida en su país para tomar té con extraños- y contigo-, esconderse –contigo- en los colores de Kieslowski, perderse en Tokio con Bill Murray para beber Santori- quizás contigo-, que necesitaba más que nunca bailar en la oscuridad -contigo-, pasear por Manhattan –contigo- con aquel blanco y negro que tan bien dibujo Allen, comerse un fotograma de Tierra que tan bien sabía recortar Medem y degustarlo –contigo-, aprender de la inocencia de la Lolita de Kubrik y ser la alumna de cabaret de Dietrich más aventajada del ángel azul –para, así, agradecerte todo lo aprendido en “nuestras” noches-.

Tampoco te dijo que aquellas canciones –las tuyas- las adoptó como suyas; correteaban entre sus huesos creándole cosquillas para, tras ello, esconderse bajo su caja torácica, quizás deseando ser el fuera de campo más hiriente de todas sus películas favoritas.

Buscaba entre su páncreas y sus pulmones las risas que guardó para ti, hurgaba con la cucharilla de café hasta lo más adentro de sus ojos para regalarte todo lo que pudo observar y aprender en veintidós años, tan sólo para justificarse, y convencerse –tal vez- de que todo aquello lo podía controlar.

2 comentarios:

Maximiliano Moyito I dijo...

Algunos si hemos perdido la cabeza.... pero la hemos encontrado en otro sitio, y creemos que, para bien o para mal, vamos a mejor.

frá dijo...

jodia como me ha gustado esta entrada...